Leyenda de una hormiga pirómana Había una vez una hormiga pirómana; ella no sabía que lo era, de hecho, ni siquiera sabía qué era el fuego. Pertenecía a la colonia, pero tenía otros ideales para su vida; quería ser artista… pero aún no sabía bien en qué rama desarrollarse… pensó en el ballet, pero sus patitas eran muy cortas, probó también con el teatro, pero era difícil atraer a multitudes sin sonido; también experimentó con la escultura, y tuvo muchos problemas para safarse de la arcilla; probó y probó, durante mucho tiempo, hasta que un día, cuando se iba a dar por vencida y dedicarse a la contabilidad, encontró un fósforo, un bonito palito con cabeza redonda y de poco peso; le atrajo mucho su forma perfecta, y su cabecita colorada… Empezó a experimentar con el objeto, lo mordió, lamió, lo usó de espada para librar mas de una batalla, también fue su almohada en esas noches en el jardín, su sillita para el almuerzo, su herramienta para excavar, en fin, su compañero de aventuras. La hormiga y su fósforo habían vivido casi todo juntos, hasta le sirvió para conquistar a su amada en un día de lluvia, funcionando como puente… qué hubiera sido de mí sin este fósforo, pensaba la hormiga! Pasó el invierno, y en un seco y árido día de verano, mientras el cansancio ganaba la batalla, y la hormiga arrastraba su fósforo, surgió lo inesperado; una enorme chispa surgió de su gran amigo! El fuego poco a poco lo fué absorbiendo; todos los vecinos miraban asombrados, las multitudes se acercaban cada vez más con fascinación; y mientras una gran tristeza ahogaba su alma, un nuevo personaje se hacía famoso en el jardín: ... la hormiga pirómana!